Enfermedades

La anemia de la enfermedad renal crónica

La anemia es uno de los síntomas más frecuentes asociados a la insuficiencia renal crónica.

Los pacientes con anemia tienen un riesgo más elevado de mortalidad y complicaciones cardiovasculares, así como de reducción de su calidad de vida y aumento del número de hospitalizaciones. De manera que el tratamiento de la anemia en los pacientes con insuficiencia renal crónica es un objetivo prioritario de su terapia

La insuficiencia renal crónica (IRC) es una enfermedad irreversible que se caracteriza por la lesión de los riñones y el deterioro de su función, que va progresando con el tiempo. La IRC se clasifica en cinco fases, que vienen definidas por el nivel de la función renal, la cual se mide a través de la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe). Cuanto menor es la TFG, más grave es la IRC.

Son varios los factores que contribuyen a la progresión de la IRC. Las cuatro causas más frecuentes de IRC son la diabetes, la hipertensión, la glomerulonefritis o inflamación de las unidades de filtrado del riñón, y la enfermedad renal poliquística, una enfermedad hereditaria. El envejecimiento de la población junto con el número creciente de pacientes con diabetes tipo 2 asociada a obesidad ha propiciado el aumento del número de personas con IRC o con riesgo elevado de padecerla, que se estima que afecta a un 10% de nuestra población.

Con el tiempo, la IRC generalmente progresa hasta una fase en la que los pacientes tienen una función renal tan deteriorada que no podrían vivir sin la ayuda de la diálisis o el trasplante renal. Sin estos tratamientos, la IRC conduciría a la muerte de los pacientes.

Las fases iniciales de la IRC son difíciles de diagnosticar, puesto que los síntomas son poco aparentes hasta que la enfermedad ha progresado significativamente. Con esta progresión van apareciendo los síntomas: náuseas, vómitos, mal aliento y picor de piel, a causa de los metabolitos tóxicos que normalmente serían filtrados y eliminados de la sangre a través de los riñones, pero que en presencia de IRC se acumulan hasta niveles perjudiciales.

La anemia

Uno de los síntomas más frecuentes de la IRC es la anemia, que aparece cuando los riñones, a causa de su función deteriorada, dejan de producir suficiente eritripoyetina, la hormona que estimula la producción de los glóbulos rojos de la sangre que transportan el oxígeno a todo el organismo. La anemia en estos pacientes es una enfermedad grave, pero se diagnostica poco y se trata poco. En presencia de anemia, el número de glóbulos rojos de la sangre está disminuido, por debajo de sus valores normales.

Los glóbulos rojos contienen hemoglobina, una proteína de color rojo, rica en hierro, que es la que transporta el oxígeno desde los pulmones al resto de tejidos orgánicos. El oxígeno ayuda a proporcionar la energía que necesita el cuerpo para todas sus actividades normales. En presencia de anemia, los niveles de hemoglobina también son bajos, inferiores a los niveles normales.

Cuando hay anemia, el organismo obtiene menos oxígeno, de manera que tiene menos energía que la necesaria para funcionar apropiadamente. Los principales síntomas de la anemia son fatiga, debilidad, dificultad respiratoria, dificultad para la concentración o confusión, mareos o desmayos, palidez de la piel, taquicardia y sensación constante de frío.

Datos recientes sugieren que en los pacientes ancianos, la anemia también se asocia con deterioro de las funciones mentales, disminución de la capacidad de ejercicio, reducción de la calidad de vida y desarrollo de hipertrofia del ventrículo izquierdo. Sin tratamiento, la anemia grave también se asocia con hospitalizaciones más frecuentes y aumento de los costes de los tratamientos.

La anemia se desarrolla de forma temprana en la IRC y algunos estudios sugieren que la mayoría de pacientes ya tienen anemia la primera vez que consulta con el nefrólogo. Los estudios también sugieren que uno de cada tres pacientes en nuestro país tiene valores bajos de hemoglobina. Los pacientes con anemia por IRC tienen un riesgo más elevado de complicaciones y mortalidad por enfermedades cardiovasculares que la población general. Datos recientes sugieren que la mayoría de pacientes con IRC muere antes de sean sometidos a diálisis.

Tratamiento de la anemia

Los agentes estimulantes de la eritropoyesis desempeñan un papel importante en el tratamiento de la anemia de la IRC, dado que estimulan la producción de glóbulos rojos. El tratamiento con estos agentes es reciente, data de la década de 1980, con al aislamiento del gen de la eritropoyetina (EPO) humana, seguido por la introducción del primer agente innovador, la epoetina alfa, en 1989.

Posteriormente se ha introducido darbepoetina alfa, una novedosa proteína eritropoyética recombinante. Darbepoetina alfa tiene una estructura distinta que le proporciona una mayor actividad biológica, es decir, que permite que la proteína se mantenga durante más tiempo en la sangre. Esto es importante porque permite reducir la frecuencia de administración, de dos o tres veces por semana a una o dos veces al mes, que se realiza por vía inyectable. Ello proporciona una mayor comodidad para los pacientes.

El tratamiento de la anemia en la IRC permite la corrección de los niveles de hemoglobina y el número de glóbulos rojos de la sangre, con lo que se reduce la mortalidad, se reducen las complicaciones y el número de hospitalizaciones, y mejora la calidad de vida de los pacientes.

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