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Asocian exposición a contaminación atmosférica con mayor riesgo de rechazo de trasplante

Investigadores de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, han establecido por primera vez una asociación entre vivir en zonas más expuestas a la contaminación atmosférica con un mayor riesgo de rechazo de trasplante de pulmón.

Mayor contaminación, mayor riesgo de rechazo y muerte
El estudio, presentado esta semana en el congreso internacional de la Sociedad Europea de enfermedades respiratorias, afirmaría que el riesgo de fallecimiento aumenta aproximadamente un 10% para pacientes que viven en zonas en las que la polución atmosférica supera los niveles recomendados por la OMS con respecto a las personas que viven en zonas menos contaminadas. No obstante, este riesgo no se observó en personas que toman un tipo de antibióticos denominados macrólidos.

La OMS calcula que cada año mueren unos 3,7 millones de personas de forma prematura como resultado de la exposición a pequeñas partículas en suspensión (de 2,5 a 10 micras de diámetro). Estas partículas suelen estar compuestas de partículas de polvo removidas por vehículos en las carreteras. La OMS recomienda que los niveles de estas partículas no deben superar los 20 miligramos por metro cúbico. La exposición a la contaminación de aire ha sido asociada ya a un mayor riesgo por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, en especial en poblaciones más vulnerables. Las personas que han recibido un trasplante de pulmón son las más vulnerables debido a que su sistema inmunitario está debilitado por la medicación que deben tomar para evitar el rechazo. La supervivencia a cinco años de los trasplantados de pulmón es del 50%, un porcentaje más bajo que el de otros trasplantados. Esto se debe a una mayor incidencia de rechazo crónico.

Los investigadores estudiaron 5.707 casos de trasplante de pulmón realizados entre 1987 y 2012 en 13 centros pertenecientes a 10 países europeos. Se realizó un seguimiento medio de 5,6 años. Durante este período, un 42,2% de los pacientes (2.577) fallecieron. Un total de 3.511 pacientes (62,2%) tomaron macrólidos en algún momento del período pos trasplante; el 61,5% de los pacientes que tomaron macrólidos experimentaron rechazo crónico del órgano trasplantado (este fármaco es suministrado sólo cuando el paciente experimenta rechazo o inflamación). Un total de 640 pacientes (29,8%) murieron en el grupo de macrólidos, mientras que 1.937 (54,5%) murieron en el grupo que no tomó macrólidos. Dado que hubo menos fallecimientos entre los que tomaron macrólidos, esto sugeriría, comentan los autores, de que estos fármacos funcionan y les protegen de complicaciones adicionales y fallecimiento.

Los investigadores hallaron una asociación entre la longitud de carreteras en las zona cercana a las casas de los pacientes y rechazo crónico en el grupo de pacientes que no tomaron macrólidos. Por cada aumento de 100 metros en longitud de carretera vieron que existía un aumento del 11-13% en el riesgo de rechazo de órgano así como en el riesgo de fallecimiento. No se detectó esta asociación en el grupo de pacientes que tomaban macrólidos.
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