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Enfermedades emergentes del siglo XXI
Según los expertos, todas las enfermedades emergentes detectadas durante los últimos 30 o 40 años como el SIDA, el ébola o el virus del Nilo Occidental han aparecido y se han extendido como consecuencia de la invasión por parte del hombre de ecosistemas salvajes y de cambios demográficos. En este sentido, las enfermedades serían en buena parte un problema medioambiental

Muchas de las enfermedades infecciosas que se han expandido durante las últimas décadas (SIDA, ébola, virus del Nilo occidental, entre otras) han comenzado a afectar al hombre como resultado de cambios operados en la naturaleza por éste. La cada vez mayor “invasión” por parte de la especie humana de regiones remotas del trópico en las que es muy probable que existan virus desconocidos para el hombre (apenas se conocen un 1% de los virus de la fauna salvaje) hace que la posibilidad de que aparezcan nuevas enfermedades potencialmente peligrosas durante las próximas décadas sea muy real.

Para prevenir y para controlar la aparición de futuras enfermedades, equipos de veterinarios y de biólogos estudian lo que se conoce como “ecología de la enfermedad”: se trata del proyecto Predict, en el que expertos de varias disciplinas intentan elucidar, en base a la forma en que el ser humano altera el territorio en el que vive, dónde van a aparecer las próximas enfermedades, cómo detectarlas cuando aparezcan antes de que se extiendan. Para ello, están reuniendo muestras biológicas (sangre, saliva, etc.) de especies animales salvajes para crear un “archivo de virus” de forma que si se declara un nuevo brote infeccioso, pueda ser identificado más rápidamente.

También se están estudiando métodos de control de zonas rurales, vida salvaje y ganado para evitar que las enfermedades salgan de este entorno y se conviertan en una pandemia global. Existe también un segundo proyecto de investigación, la One Health Initiative, un programa a escala planetaria en el que participan más de 600 científicos de todo el mundo. Este programa parte de la base de que la salud de los ecosistemas, de las personas y de los animales están inextricablemente ligadas entre sí, por lo que sólo pueden ser estudiadas de forma holística.

Problema sanitario, pero también económico

No se trata únicamente de un problema de salud pública; también es un problema económico. Se ha calculado que una pandemia de gripe severa podría costarle a la economía planetaria tres billones de dólares en gastos de asistencia sanitaria, pérdida de productividad y de comercio.

El virus nipah del sur de Asia y el virus hendra de Australia, ambos de la familia de los virus henipah, son dos ejemplos recientes e inquietantes de cómo la destrucción del medio ambiente puede causar enfermedades.

Estos virus son portados por los grandes murciélagos de la especie Pteropus vampyrus, especie conocida en Australia como “zorro volador” debido a su gran tamaño. Se alimentan básicamente de fruta. Durante millones de años han evolucionando portando consigo virus del tipo henipah. Después de milenios de evolución, lo máximo que les ocasiona este virus es un resfriado común. Pero una vez que el virus abandona a su especie portadora, puede ser potencialmente mortal para otras especies. 

En 1999, hubo un primer brote en Malasia. Probablemente, un murciélago escupió un pedazo de fruta en un corral de cerdos, los cuales se infectaron con el virus. El virus pasó entonces a los humanos. Sobre un total de 276 personas infectadas, 106 murieron, y muchas otras sufrieron daños neurológicos irreversibles y permanentes. No existe cura ni vacuna. Desde 1999, han tenido lugar varios brotes menores por el Sur de Asia. En Australia, fue la urbanización de zonas rurales lo que atrajo a los murciélagos a los patios de las casas y a los pastos. Hasta el momento, el virus ha matado a cuatro personas y a docenas de caballos.

La peligrosidad del virus estaría relacionada con los cambios operados en los ecosistemas locales por la presencia humana. Así los biólogos que estudian la ecología de las enfermedades vieron que los brotes del virus hendra eran raros en las áreas rurales pero mucho más frecuentes en animales urbanos y suburbanos. Su hipótesis sería que los murciélagos urbanos son sedentarios por lo que no se ven expuestos al virus tanto tiempo como lo harían en el campo, lo cual hace que desarrollen menos resistencia a la infección.

Por lo tanto, en el ámbito urbano es más frecuente que los murciélagos se infecten y por tanto expandan el virus dejándolo caer en zonas habitadas por humanos.

Si una cepa del virus henipah consiguiera evolucionar como para poder ser contagiado con rapidez, llegará un momento en que salga de la jungla y se expanda por Asia y por el mundo. Según los expertos, es sólo cuestión de tiempo. Por ello, es importante comprender las causas de fondo. Todas las enfermedades emergentes aparecidas los últimos 30 o 40 años han aparecido como consecuencia de la invasión por parte del hombre de ecosistemas naturales y de cambios demográficos. El ejemplo del SIDA resulta ilustrativo: el VIH comenzó a expandirse desde comienzos del siglo XX a causa de la colonización europea de África, que llevó a la explotación de los recursos de zonas remotas, donde el virus había permanecido latente durante milenios. Por otra parte, no se trata únicamente de que la ocupación o invasión de zonas tropicales pueda causar enfermedades.

El virus del Nilo Occidental llegó a los EE.UU procedente de África, pero consiguió prosperar en el continente americano gracias a que se adaptó perfectamente a una especie de pájaro local, el petirrojo americano (Turdus migratorius) que abunda en los jardines y en los sembrados, cerca del hombre. Y los mosquitos portadores del virus muestran preferencia por este animal. Desde que se detectó el primer caso en Nueva York, en 1999, el virus se ha expandido por toda Norte América, gracias a que se ha adaptado a especies locales que conviven habitualmente con el ser humano.

La naturaleza apoya y sostiene las actividades humanas. Los bosques filtran el agua que bebemos, insectos y pájaros polinizan nuestras cosechas; es lo que los economistas y biólogos denominan servicios del ecosistema. Si no conseguimos comprender y cuidar el delicado equilibrio ecológico planetario, puede ocurrir una ruptura de esos sistemas. En el pasado ya se han dado ejemplos de enfermedades que han salido de la naturaleza para atacar a las poblaciones humanas: la peste o la malaria, por ejemplo. No obstante, el número de enfermedades emergentes se ha cuadruplicado durante los últimos cincuenta años; los expertos afirman que esto se debe a que el ser humano está invadiendo cada vez más ecosistemas potencialmente peligrosos como las regiones del trópico.

Si además consideramos que cada día se desplazan cientos de miles de personas en avión por todo el globo y que existe un intenso tráfico de especies animales salvajes, las probabilidades de que tenga lugar un estallido infeccioso en alguna gran ciudad son inmensas. La clave para prevenir y predecir la siguiente pandemia, afirman los expertos, radica en comprender lo que ellos denominan “el efecto protector” de dejar la naturaleza intacta. Un desarrollo o sobre explotación de la naturaleza podría abrir la caja de pandora y dejar escapar plagas de consecuencias impredecibles.

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